miércoles, 21 de octubre de 2020
Tus 10 responsabilidades como ser humano
Lecciones de la cuarentena
Sin lugar a dudas, el coronavirus nos sacudió el piso. Antes de la pandemia nos movíamos por el mundo con esa falsa sensación de seguridad y control, y en unos pocos días un virus microscópico produjo algo cósmico. Era difícil imaginar algo que pudiera desencadenar cambios tan profundos en tan poco tiempo.
Presumir en Facebook
Soy conocida en un círculo muy pequeño por mis quejas sobre Facebook: los problemas de modestia, autoengaño, insensibilidad y daño a los demás; el no disfrutar la experiencia porque estás demasiado ocupado documentándola; convertirse en dependiente de los demás. La lista sigue y sigue...
sábado, 3 de octubre de 2020
Ushpizin, los 7 invitados

¿Qué es el Jardín del Edén? Es el lugar en donde las almas que se lo merecen, habiendo dejado este mundo, disfrutan la luz de la presencia divina mientras esperan la entrada al Mundo Venidero, esto es la era post mesiánica (Talmud, Shabat 152b; Dérej Hashem 1:3:11).
Sucot, el poder del perdón y la reconciliación
La sucá conmemora el milagro que Dios nos brindó en el desierto en la forma de los Ananei HaKavod, las ‘Nubes de Gloria’. Estas nubes milagrosas nos protegieron de los enemigos que nos rodeaban y nos brindaron refugio de los elementos negativos asociados con el hecho de vivir en un desierto.
Sucot y el coronavirus: tres mensajes importantes
Durante miles de años los judíos observaron el mandamiento de la Torá de dejar la comodidad y la seguridad de sus hogares y comer en una cabaña especial que llamamos sucá.
En este año de coronavirus, nuestra mitzvá ya no parece tan extraña. Gracias a que la ley ordena salir al aire libre, comer afuera ya no es una rareza judía, sino que se convirtió casi en un ideal universal. Esto es algo que el profeta Zejariá predijo hace mucho tiempo.
El abrazo de Sucot

Mi hijo de tres años tiene un nuevo juego al que le encanta jugar conmigo. Comenzó durante Rosh HaShaná. El decía a gritos una emoción y después los dos actuábamos de acuerdo a ese sentimiento. Él decía: “¡Ima, estemos enojados!”, y luego nosotros hacíamos caras “enojadas” y decíamos: “Grrrrr”. O por ejemplo: “¡Ima, estemos sorprendidos!”, y los dos abríamos ampliamente los ojos y las bocas con una expresión de sorpresa como si hubiésemos visto vacas voladoras.