24 Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.
25 Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca.
26 Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;
27 y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina.
Jesús no promete una vida sin pruebas, Jesús promete que si la casa se construye sobre la roca permanecerá a pesar de los fuertes vientos y tempestades. Nuestra vida permanecerá firme al fin de los tiempos si construimos sobre las enseñanzas y el amor de Cristo. Lejos de El será una casa que se construye sobre arena y por consiguiente puede derrumbarse frente a las visicitudes, calamidades, mal sabores y contrariedades de la vida, puede perderse entre el inmenso desenfreno y malas raíces que nos da el mundo exterior y quedar una y otra vez sedientos hasta arruinarnos.
La felicidad del hombre se puede reducir a la ruina, pero si construimos con conciencia sobre la Roca a pesar de las contrariedades, sinsabores, fracasos, dudas, penas, decepciones, desilusiones, amargura, oscuridad, injusticias etc. nada ni nadie nos derrumbará.
“Ser sabios significa saber construir nuestra vida sobre Cristo “la Roca”. El temor al fracaso puede paralizar la voluntad de hacernos capaz de creer que no podemos fundamentar nuestra vida sobre “la Roca”.
Así es el hombre que tiene una fe bien cimentada.
Sin embargo, quien escucha con superficialidad y no se esfuerza en grabar en su corazón sus palabras - porque sabe que para hacerlo debería esforzarse, padecer dolor, extirpar demasiadas cosas - es semejante a aquel hombre que por pereza y necedad edifica su casa sobre la arena. En cuanto llegan las inclemencias, la casa, pronto construida, cae pronto, y el necio se queda mirando, desolado, sus ruinas y la quiebra de su capital.
Pues has que tener en cuenta que en nuestro caso es peor que un derrumbamiento - que se podría, no sin gastos y esfuerzos, reparar todavía -; en este caso, una vez derrumbado el edificio mal construido de un espíritu, nada queda para volver a edificarlo. En la otra vida nada se construye. ¡Ay de quien se presente allí con escombros!
En muchos casos ese derrumbamiento de la casa (espíritu) causa la muerte de muchas otras personas bajo sus escombros (malos consejos, malos ejemplos, mentiras, chismes, acusaciones, etc.).
Acaso el padre de familia, quien se encarga de construir la casa para su esposa e hijos, no pone en riesgo a todos ellos haciéndolos vivir bajo ese techo inseguro? Y la suma de todas las casas forman los barrios, las ciudades, los países y el mundo todo.
Entonces de que el mundo tenga millones de casas sobre la arena, y que bajo un pequeño temblor satánico tenemos el mundo que conocemos, es acaso culpa de Dios?
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