Así comienza el libro de Yehoshúa:
Y fue después de la muerte de Moshé, el sirviente de Dios, que Dios le dijo a Yehoshúa, el hijo de Nun, el asistente de Moshé:“Moshé, mi sirviente, ha muerto, ahora levántate y cruza el rio Jordán. Tú y toda esta nación entrarán en la tierra que les di a los hijos de Israel. Cada lugar que pises te lo daré, como le dije a Moshé. Ningún hombre se levantará contra ti, todos los días de tu vida. Así fue con Moshé, así será contigo. No te soltaré ni te abandonaré. Sólo sé fuerte y muy valiente para observar y actuar de acuerdo con la Torá que Moshé, mi sirviente, te ha ordenado. Por ello, no te desvíes ni a la derecha ni a la izquierda para que seas exitoso dondequiera que vayas”.